Ochenta años después de la sublevación militar contra la Segunda República legalmente establecida en España, y cuarenta años tras la promulgación de una Ley de Amnistía incompatible con el Derecho Internacional por impedir juzgar delitos considerados como imprescriptibles, nuestro país sigue sumido en polémicos e interminables debates acerca de la naturaleza y la magnitud del conflicto bélico y el posterior régimen establecido, mientras más de 1.820 fosas comunes derivadas de la Guerra Civil están todavía por abrir. Asociaciones de familiares han recuperado los restos de unas 5.200 víctimas, pero la cifra de desaparecidos supera los 100.000. Reabrir las fosas y otorgar a los familiares y a los propios fusilados la posibilidad de una sepultura propia es un proceso de dignificación respeto y justicia que debe ser llevado a cabo desde la legitimidad que requiere. El arte contemporáneo, por su condición de arma dialéctica, juega un papel fundamental en la modificación de las representaciones sociales que nos fueron impuestas en el pasado y que a día de hoy permanecen latentes en nuestra sociedad, para que de este modo podamos asumir la trascendencia del pasado violento que sufrió España, y revertir la situación de entierro infrahumano de aquellos que fueron brutalmente asesinados. El objetivo último de la presente obra radica en trasladar la realidad anteriormente expuesta a escenarios públicos comúnmente transitados para de este modo acercarla no solo a quienes se ven afectados por ella de un modo directo, sino también a un sector más amplio de la población, generando así un contexto de reflexión sobre la responsabilidad que la totalidad de la sociedad española tiene para con dicha causa. La instalación desplaza la tierra del monte de "La Pedraja" en Burgos, donde entre los años 2010 y 2011 se localizaron dos fosas comunes en las que yacían un total de más de 135 cuerpos, y donde se sabe que fueron asesinadas e inhumadas unas 300 personas en fosas que aún no han podido ser localizadas, dotando de este modo a la obra de una estructura simbólica profunda donde la importancia radica en el relato que la acompaña, lo que la obra arrastra y cada uno se lleva consigo.